Dios, mira tu gente, se están muriendo y no haces nada.
Te dedico unas letras, no por que dude o acepte tu existencia, sino por mi abuelo, se que de niño te pedí, mirando las estrellas que le dieras un halo más de vida. Hoy ya es suficiente.
Lo encontré en su lecho de muerte, mirando un cielo que no podía alcanzar ni ver; débil y triste, respiraba lento perdiendo en cada suspiro lo poco de vida que le quedaba, dejándolo aún más muerto.
¿Dónde estás Dios?
¿Sigues tratando de controlar nuestras creencias?
¿Sigues decepcionado de tu creación?
¿Acaso has probado suerte en otro universo, uno donde seres te son fieles viviendo y muriendo por ti solo por fascinación y una promesa blanca grisácea?
Es que verlo así me hace creer que este es el infierno. ¡Miralo! la tortura casi eterna de un cuerpo que agoniza, de una mente que no recuerda quien es, de unas manos y pies jubiladas hace mucho tiempo; pero el tiempo sigue y se pone a llover ¿Serás tú triste?
¿Acaso es tuya la vida y no la muerte?
¿Si nos esperas muertos, para que vivimos?
Dios, ¿Dónde estás?
Tu gente aún cree que les debes el paraíso, aún creen que sus vidas dependen de tu voluntad. Hoy miro a mi abuelo y me doy cuenta que no estás ahí, solo el ángel negro degustando la putrefacción antes que los gusanos. ¿Tendrá mi abuelo otro deseo que no sea morir?
Quizás tu secreto es ver el dolor en carne ajena, es escuchar plegarias lamentables, es bordear el hilo entre el hospital y la morgue; o simplemente te dedicas a mirar como destruimos lo que más amamos.
Dicen que soy tu hijo, pero nadie puede afirmar que seas mi padre.
Dios, hoy pregunto por mi abuelo, ¿Dónde estás? no ves que te está esperando mientras observa tu reino desde el infierno en el techo de la habitación oscura.
A veces, me siento decepcionado.
Gracias.
Siegfried Delacroix

